lunes, 24 de junio de 2013

UNIDAD DE ESPÍRITU


 
 
Si usted es norteamericano o europeo no tome en cuenta este mensaje.

Durante mis años de ministerio he visto algo que es, al parecer, típico de nuestra cultura latinoamericana. Cada vez que hablo a una persona acerca de Jesús, el Evangelio o mi creencia en Dios, de inmediato surge la frase “yo soy católico” o explicaciones como estas: “desde chico fui creyente y creo en Dios”, “yo no me cambio de religión”. Y si me presento como pastor, no faltará la pregunta “¿pastor evangélico?”. Todas estas frases son como un escudo que las personas se ponen por temor quizás a ser sacadas de su posición de fe. Cuando nuestra única intención ha sido hablar de Jesucristo y el gran amor que nos une a Él, ellos sienten esto como un ataque o invasión de su intimidad, como una ofensiva “evangélica”, no del “evangelio de Jesús” sino de una iglesia evangélica, o “canuta” como suelen llamarla.

¡Qué lamentable es esta reacción, toda vez que lo único que nos mueve es el auténtico anhelo de dar a conocer la fe de Jesús! Pero muchos católicos y personas que han sido educadas en la cultura católica latinoamericana, no lo ven así. Ellos creen que estamos invadiendo un territorio para hacer que todos renieguen de esa forma de fe y hacerlos “evangélicos”.

Admito que hay numerosos hermanos evangélicos que tienen una prédica agresiva y radical contra el catolicismo, que critican sus formas de culto y creencias, que no respetan su modo de vivir el cristianismo. Pero no son todos así. Creo que puede existir un diálogo respetuoso entre católicos y evangélicos. ¿Acaso no creemos en el mismo Dios Autor de la vida, en el mismo Salvador y Señor de la Humanidad, y en igual Espíritu Santo? Por supuesto que hay interpretaciones de la fe y la Biblia en las que diferimos, pero el amor cristiano debe conducirnos hacia aquello que nos une y no a lo que nos separa.

Las cúpulas religiosas pueden ordenar o sugerir esta relación con decretos y normas eclesiales, pero finalmente el asunto se resuelve en la calle, la familia, el hogar, el trabajo, la escuela, allí donde compartimos católicos, evangélicos, creyentes de otras iglesias, agnósticos, ateos y librepensadores. ¿No debiera ser la tolerancia, respeto y buena voluntad, en definitiva el amor, la virtud que gobernara nuestras relaciones en torno a las creencias?

Necesitamos acercarnos, conocernos, aprender de los otros. He conocido muy buenos cristianos católicos, personas con verdadera fe y solidarios con el que sufre. También he conocido personas que se dicen cristianas, pero son el vivo ejemplo de la cizaña en la parábola de Jesús, “cristianos” que hacen mucho mal a la Iglesia. Por otro lado, leyendo acerca de las diversas doctrinas de las iglesias y comparándolas con las vivencias de los creyentes, me he dado cuenta que no todos vivimos conforme a ellas; una cosa es la teoría religiosa y otra su práctica. A nuestro juicio, la causa de esto no es la hipocresía, la ignorancia o la falta de compromiso con la fe, sino la percepción personal de Dios y la fe, sujeta a la enorme diversidad humana.

Debo refrendar esta reflexión con las palabras del apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso:

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, / con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, / solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; / un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; / un Señor, una fe, un bautismo, / un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” (Efesios 4:1-5)
 
 
 
 
 

domingo, 9 de septiembre de 2012

UN TE DEUM PARA DIOS


El Señor Jesucristo, Señor de la Historia, ha instado por medio de Su Espíritu Santo, hace algunos siglos, esta acción eclesial que se ha dado en llamar “Te Deum”. No han sido pocas las controversias y dificultades que ha suscitado esta noble y cristiana actividad, dada la sensibilidad de la multiforme condición de la Iglesia cristiana o iglesias.

¿QUÉ ES UN TE DEUM?

“Te Deum” es una expresión en latín que significa ‘A ti, Dios’. Estas son las primeras palabras de uno de los primeros himnos cristianos tradicional de acción de gracias. Sus orígenes se remontan al siglo IV, como una Canto de Acción de Gracias a Dios.

Chile es uno de los pocos países en el mundo que mantiene esta tradición. En América sólo se realizan celebraciones similares en Perú y Argentina. En Chile, se celebra desde 1811 cuando José Miguel Carrera pidió su realización para conmemorar el primer año de la Junta Nacional de Gobierno. En un principio se realizaba luego de la misa católico-romana y sólo desde 1870 se celebra sin la eucaristía. Pero no es sino hasta 1970 en que toma el carácter de "ecuménico", es decir en la que participan todas las iglesias cristianas y no solamente la católica.

Además del Te Deum Ecuménico realizado en la Catedral Metropolitana de Santiago se realiza, el domingo inmediatamente anterior al 18 de septiembre de cada año, el denominado Te Deum Evangélico, al que también asisten las principales autoridades del país e invitados de otras confesiones religiosas. Fue instaurado en 1975.

El Te Deum Evangélico se ha celebrado desde sus inicios en la Catedral Evangélica de Chile, en Santiago, principal templo de la Primera Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, salvo en el año 2000, cuando se efectuó en Curicó, Región del Maule.

El Te Deum Evangélico es celebrado en otras ciudades de Chile el domingo previo a las Fiestas Patrias.
 
El “Te Deum Evangélico” es un Culto de Acción de Gracias a Dios.
 

¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

He aquí algunos textos que pueden ser de utilidad para dar una base y respaldo bíblico al Te Deum.

1) Es bueno y agradable a Dios que la Iglesia ore con acciones de gracias por todos los hombres: “1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; / 2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. / 3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, / 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (1 Timoteo 2:1-4)

2) Insta a los cristianos a orar en unidad, en paz, en fraternidad: “8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda.” (1 Timoteo 2:8)

3) Recomienda tranquilidad y confianza en Dios, dirigiendo a Él peticiones y acciones de gracias: “6 Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. / 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:6-7)

4) Debemos servir a Dios con gratitud: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.” (Hebreos 12:28)

 5) Invita a los pueblos a bendecir y alabar a Dios: 8 Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, / Y haced oír la voz de su alabanza.” (Salmos 66:8

 6) La Palabra de Dios nos mueve a proclamar la gloria de Dios entre las naciones y nos regala este precioso salmo que bien podríamos cantar en nuestro “Te Deum”:
 
“1 Cantad a Jehová cántico nuevo;
Cantad a Jehová, toda la tierra.
2 Cantad a Jehová, bendecid su nombre;
Anunciad de día en día su salvación.
3 Proclamad entre las naciones su gloria,
En todos los pueblos sus maravillas.
4 Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Temible sobre todos los dioses.
5 Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos;
Pero Jehová hizo los cielos.
6 Alabanza y magnificencia delante de él;
Poder y gloria en su santuario.

 
7 Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,
Dad a Jehová la gloria y el poder.
8 Dad a Jehová la honra debida a su nombre;
Traed ofrendas, y venid a sus atrios.
9 Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad;
Temed delante de él, toda la tierra.

 
10 Decid entre las naciones: Jehová reina.
También afirmó el mundo, no será conmovido;
Juzgará a los pueblos en justicia.
11 Alégrense los cielos, y gócese la tierra;
Brame el mar y su plenitud.
12 Regocíjese el campo, y todo lo que en él está;
Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento,
13 Delante de Jehová que vino;
Porque vino a juzgar la tierra.
Juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con su verdad.”
(Salmos 96)

CONCLUSIÓN.

A través de la Historia del Cristianismo, el Espíritu Santo ha desarrollado una acción eclesial con marcado carácter unitario, interdenominacional o ecuménico, y con el propósito de dar gracias a Dios por Sus beneficios a la patria. Es tradición invitar a este evento religioso llamado Te Deum, a las autoridades seculares y eclesiales y proclamar el Evangelio, acorde con el mandato de “Proclamad entre las naciones su gloria” (Salmos 96:3).

Tal acción es beneficiosa y necesaria para el desarrollo espiritual de la sociedad y para la paz y unidad social y de la Iglesia. Esta hermosa forma de culto, sea en Fiestas Patrias o en el Día de la Iglesia Evangélica, pone en relevancia su principal Destinatario: Nuestro Señor Jesucristo.


Pastor Iván Tapia Contardo

 
Valparaíso, domingo, 09 de septiembre de 2012.

 

miércoles, 13 de abril de 2011

NO DEBAIS NADA A NADIE. PARTE II

PALABRA VIVA
Un mensaje del pastor
Nº 1 – Parte II

“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra./ No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” Romanos 13:7,8

Alguien podrá decir que hay que aplicar fe y confiar en que el Señor nos dará los recursos para pagar la deuda, pero eso es dar vuelta las cosas y pensar de un modo contrario a la Verdad. La verdadera fe está en confiar que el Señor nos dará los recursos necesarios para vivir, que podremos satisfacer las necesidades básicas y aún apartar algo para ahorro, lo cual nos permitirá adquirir aquel artículo que deseamos comprar. Así podremos poner por obra esta sencilla Palabra de Dios: No debáis a nadie nada.

Pero hay algo más que debemos considerar para que en nuestra economía disfrutemos de tranquilidad y felicidad. Curioso que esta última palabra se inicie con la sílaba “fe” y finalice con “dad”. Porque la fe es la base de nuestra relación con Dios y el dar generosamente la clave de la prosperidad. Tenemos una deuda con Él, a quien pertenecen todas las cosas que llamamos nuestras: casa, vestuario, alimentos, dinero. El tributo que Él nos exige como reconocimiento de Su Soberanía sobre nuestras vidas es tan sólo de un 10% y ¡cuántas veces le negamos a Él ese derecho robándole Su diezmo! No debáis a nadie nada. Si estamos endeudados con casas comerciales, con amigos o familia y hasta con el Señor ¿cómo esperamos progresar y vivir en paz? No culpemos a Dios ni al gobierno, no responsabilicemos a otros de nuestro desorden, sino que asumamos que hemos desobedecido a un principio fundamental de mayordomía y sencillamente estamos cosechando el fruto de nuestro pecado. No endeudarse y pagar nuestras deudas es un modo de vivir el amor a Dios, al prójimo y a nosotros mismos.

viernes, 8 de abril de 2011

NO DEBAIS NADA A NADIE. PARTE I


PALABRA VIVA

Un mensaje del pastor

Nº 1 – Parte I


“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra./ No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”


Romanos 13:7,8 Es frecuente en la actualidad que las personas comprometan el dinero que aún no tienen, con casas comerciales que, con gran despliegue de publicidad, tientan a los clientes para comprar a plazo todo tipo de productos y aún más, a obtener lo que llaman “avances” de dinero, actuando como banqueros o prestamistas. No pocos caen en la tentación y se endeudan por meses y años. Estas facilidades para comprar, ideadas por hábiles comerciantes, llevan a las personas a descontrolarse en compromisos desmedidos que muchas veces no pueden cumplir y deben renegociar deudas, deslizándose con el tiempo por una pendiente de ruina, desesperación y pobreza. Ha sido como una maligna trampa que los condujo a una lamentable situación financiera.


El problema económico no se limita a los aspectos materiales de comida, vestuario o vivienda, sino que repercute en todas las relaciones familiares y matrimoniales, en el estado de ánimo personal y en la dinámica del hogar. No pocas veces es causa de cárcel o divorcio. Si tan sólo hubieran ahorrado y esperado reunir el dinero necesario para esa compra, habrían evitado tanto dolor. Si hubiesen puesto en práctica el consejo de Dios: No debáis a nadie nada, no se habría desencadenado el proceso negativo que se inicia cuando adquiero un compromiso basado en dinero que aún no dispongo.

jueves, 26 de agosto de 2010

SEÑALES DE LOS TIEMPOS.


El Maestro de Galilea enseñó a sus seguidores a comprender las señales de los tiempos. Les decía: ustedes son capaces de predecir cuando habrá lluvia y cuando no, sin embargo son incapaces de entender las señales de Dios. En otras palabras, el lenguaje del Creador. Para los que son más bíblicos, transcribiré exactamente sus palabras: “Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. / Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. / Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!”[1]

Podemos escuchar a Dios en la lectura de la Biblia y en la prédica de la Iglesia cada domingo, pero no es la única forma en que Él habla al ser humano. Es evidente que también lo hace por medio de los acontecimientos diarios. Con razón hay un libro dentro de la Sagrada Escritura, que se titula Libro de los Hechos. Las circunstancias de la vida podrían enseñarnos mucho si pusiéramos atención a ellas y procuráramos entender lo que Dios quiere transmitirnos. Es algo así como un mensaje en clave. ¿No es acaso este mismo texto que usted lee ahora, un mensaje en clave? De acuerdo a la teoría de la comunicación, yo soy el emisor que dejo por escrito mis pensamientos en un sistema alfabético en idioma español; el escrito es el mensaje que tiene un código y un significado; y usted es el receptor que debe comprender mi idioma, decodificar el alfabeto e interpretar el mensaje. Pues bien, gran parte de lo que sucede en el mundo es un mensaje de Dios para el ser humano.

Usted quizás se estará preguntando ¿y qué querrá decirnos Dios ahora? Si atendemos a las palabras de la Santa Biblia, nos daremos cuenta que el mensaje y urgente preocupación de Él es salvarnos. Pero ¿salvarnos de qué? Sencillamente de no conocerlo a Él. Imagínese usted qué hermoso sería pasar una eternidad junto a un Ser pleno de amor, que irradia paz y habla sólo palabras de sabiduría. Piense usted por un momento que tremenda bendición sería para cualquiera de nosotros estar para siempre con alguien que sólo piensa en el bien de todos. Eso es lo que llamamos santidad. Y es lo que Dios anhela fuertemente transmitir a esta humanidad hoy día tan complicada.

Ahora suponga lo contrario, que jamás podrá gozar de paz en su alma; que la conciencia le estará recordando por una eternidad todos sus errores, malos pasos, actos inadecuados y pecados; que viva para siempre sin el amor de alguien, sin que nadie le consuele y, al contrario, le mortifiquen con palabras de odio, rechazo y desesperanza. ¿No sería eso el Infierno? No necesitamos pensar en llamas de fuego ni en gusanos que horaden la carne, pues ya esa condición espiritual negativa, por rechazar y alejarnos del Creador, nos ha condenado a la infelicidad.

Esta es la urgencia del Señor: transmitirnos su mensaje salvador. Somos los ahogados que estamos tragando agua y damos manotazos buscando algo o alguien de quien asirnos, y Él nos lanza su salvavidas. Ese salvavidas es una Persona, el Salvador del mundo: Jesucristo.

Pero volvamos al planteamiento inicial. Les decía que Dios nos habla a través de los hechos. Pues bien, Dios nos ha hablado fuertemente en estos días, en que 33 mineros fueron atrapados en las profundidades de la tierra por el derrumbe de la mina donde laboraban. Todo el país fue conmovido por esta noticia y solidarizó con ellos y sus familias que valientemente y con la fe puesta en Dios armaron un campamento, al que llamaron campamento Esperanza, alrededor de la mina. Después de 17 días los rescatistas lograron comunicarse con ellos y recibimos la feliz noticia de que todos están con vida.

Jesús hablaba a sus discípulos por medio de parábolas, pequeños cuentos o alegorías que, valiéndose de hechos cotidianos a los oyentes –como la pesca, la siembra, la cosecha, el dinero, etc. –transmitían, al interpretarse debidamente, un mensaje espiritual. Así tenemos la parábola del sembrador, de la red, de la perla preciosa, del hijo pródigo, y tantas otras muy conocidas por todos.

En los hechos acaecidos en la mina San José del norte de Chile, también hay un claro mensaje para nosotros. Sólo necesitamos interpretarlo. Con mi esposa, aparte de emocionarnos con los hechos que la televisión nos relataba y mostraba, nos sorprendíamos minuto a minuto por la evidencia del lenguaje de Dios allí.

Lo que primero llama nuestra atención es la cantidad de hombres atrapados en la mina. Y sus familias destacan tal número poniendo 33 banderas con sus nombres en un montículo. También encienden 33 cirios o velas. ¿Acaso no vivió nuestro Señor 33 años sobre la tierra? Y esos 33 años le bastaron para hacer toda su gran obra, la que culminó en la cruz del monte Calvario. En 33 años predicó con su ejemplo y luego con sus palabras el mensaje del Evangelio, la buena nueva de que Dios quiere salvar al hombre y establecer Su Reino en la tierra. Recordemos que plantar una bandera es señal de tomar un territorio; encender una vela es la voluntad de iluminar al mundo. Indudablemente que las familias del norte lo hacían por amor a sus parientes atrapados, pero Dios nos estaba hablando a todos. Sólo necesitamos comprender el mensaje.

La misma condición física de esos hombres nos habla de la condición espiritual en que la humanidad entera se halla hoy, atrapada en densa tiniebla de ignorancia, egoísmo y maldad, sin luz de Dios, por su incredulidad. ¿No está nuestra sociedad derrumbada en sus valores y creencias? ¡Cuánto necesitamos ser rescatados de ello!

Pero hay esperanza, sí, hay siempre un campamento en la boca de este túnel; un grupo de personas no menor, que tiene esperanza en Dios, que cree al mensaje del Salvador del mundo y que continuamente ruega por todos y anuncia a cuanto ser en tinieblas encuentra en su camino. Ese campamento somos nosotros, la Iglesia. Lo diré más claramente: usted, sin importar la Iglesia en la que profese su fe, es parte del campamento de la esperanza. El único tesoro que tiene este país es la fe. Nada obtenemos con tener cobre, mar, petróleo, fruta, vinos, si no tenemos aquel producto espiritual que nos llevará a la eternidad: la fe. Es lo más preciado, lo único que puede salvarnos, la fe en Jesucristo. Pues “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”[2]

Mayor fue nuestra sorpresa cuando a los 17 días supimos de ellos y que estaban salvos! ¿No tocó tierra el arca del patriarca Noé, al día 17 del séptimo mes? No quiero parecer cabalista ni experto en numerología, pero es muy curioso que sea esa la cantidad de días necesaria para anunciarnos de su rescate. Los pasajeros del arca fueron salvados del diluvio, los mineros estuvieron protegidos en un refugio subterráneo. Noé y su familia fueron protegidos de la inundación, los mineros del derrumbe. El número no tiene nada especial en sí mismo, es tan sólo una señal, una lucecita que enciende Dios para llamar nuestra atención. Fíjense en esto, parece decirnos, si ustedes no buscan un refugio serán aplastados por lo que viene. ¿Qué es lo que viene? No hablo de un terremoto, maremoto ni ningún otro tipo de catástrofe natural, hablamos de algo peor, el derrumbe de nuestros cimientos morales y espirituales, la pérdida de la fe cristiana y la confianza en la veracidad de la Palabra de Dios, la pérdida de los principios de la familia y la cultura basada en las enseñanzas de Jesucristo. ¿Está preparado usted para ese derrumbe? ¿Qué estamos haciendo los cristianos para evitar en Chile esa catástrofe? Ya no se trata de estar o no de acuerdo con el gobierno ni de pertenecer a determinada iglesia o doctrina, sino de contar con ese refugio para el día postrero. Todos sabemos quien es tal Refugio: Jesucristo, la Roca de los siglos.

Un detalle final: ¿cómo se llama el contenedor de los alimentos y mensajes que los rescatistas envían a los mineros? Paloma. Una paloma mantendrá con vida y ánimo a los 33 hombres que ahora están en las profundidades de la tierra, hasta que sean levantados a la superficie. Del mismo modo hoy nosotros, los creyentes en Jesucristo, que vivimos aquí en la oscuridad de un mundo que se desmorona, somos alimentados y animados por la paloma del Espíritu Santo, con la esperanza de que un día seremos rescatados y estaremos siempre con el Señor.[3]

Damos gracias a Dios por el milagro del que ha sido testigo todo un país y el mundo, por la entereza que dio a las familias de los mineros, por la unidad y valentía de éstos, por el compromiso del gobierno y por la solidaridad de todos los chilenos, que estuvieron atentos a los acontecimientos, rogando a Dios por esas vidas. Pero mil gracias al Señor por Su mensaje a través de estos hechos, quien pareciera decirnos otra vez:

“Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. / Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”[4]

[1] San Mateo 16:1-3
[2] San Juan 3:36
[3] 1 Tesalonicenses 4:17,18
[4] Isaías 55:6-7

sábado, 17 de abril de 2010

GRANDES Y PEQUEÑAS MISIONES.


“Su señor le dijo: Bien, siervo bueno y fiel;
en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré;
entra en el gozo de tu señor."
San Mateo 25:23


Cuando se habla de tener una misión en la vida, cumplir una misión asignada por Dios, alcanzar el cumplimiento de una misión, y todas esas expresiones trascendentes, estamos refiriéndonos a algo realmente grande. La misión es el poder o facultad que se da a alguien de ir a desempeñar algún cometido. De hecho nuestro Líder y Maestro, el Señor Jesucristo, nos encargó llevar a cabo una misión, Él nos dio la Gran Comisión: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (San Mateo 28:19,20) Toda la Iglesia se ha empeñado durante veinte siglos en llevar a cabo lo que el Fundador le indicó como misión. De modo que cada cristiano comprometido con su fe siempre procura llevar a cabo esa comisión.

Pero no es la evangelización del mundo la única comisión que el Salvador ha dejado a Su Iglesia. También le dijo “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. / En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (San Juan 13:34,35) Otro aspecto es el deber de servir y amar al prójimo que sufre, cuando nos ordena en la Parábola hacer lo mismo que el buen samaritano: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? / El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.” (San Lucas 10:36,37)

¿Será la misión de un cristiano sólo hacer aquellas grandes hazañas para Dios? En estos días se habla mucho de tener una “visión”, que es recibir una revelación divina de cual será nuestra tarea o misión especial a cumplir en la vida. Hay grandes soñadores de visiones, plantadores de mega-iglesias y fundadores de ministerios con diversas características. Esas estrellas rutilantes del escenario cristiano nos obnubilan y queremos imitarles, hasta que un buen día descubrimos que somos simples discípulos, llenos de defectos y debilidades, incapaces de alcanzar esos parámetros que, por diversas circunstancias, aquellos cristianos sin duda admirables, lograron a niveles superlativos.

Lo positivo de esas “visiones” –sea el crecimiento de la Iglesia, sea alcanzar a las naciones, sea promover socialmente y salvar a un grupo humano, etc.- es que motivan a millones de hermanos y hermanas de todo el mundo a hacer lo suyo, a buscar a Dios y Su virtud. Pero hay, permítanme decirlo, un lado negativo y éste surge cuando el cristiano no logra el propósito. Siente que ha fracasado, viene la decepción o se cree engañado, desconfía de Dios y el Espíritu Santo.

Venía ayer de visitar a unos pacientes de un hospital psiquiátrico en un lugar bastante alejado de la ciudad. Fue una bella jornada de servicio a esas personas tan aisladas de nuestra sociedad, a las que se trata como enfermos, “locos”, seres inservibles, sin desconocer la calidad profesional y humana de muchos médicos y auxiliares que les atienden. Dentro de mis tareas como pastor, una actividad así tiene muy bajo perfil y carece de importancia para el desarrollo de la obra, ya que no genera conversiones y ni siquiera es expuesta como testimonio. Sin embargo, en lo personal, es una de las labores que más satisfacción espiritual me reporta. Siento que Cristo está vivo en mí, utilizando mi ser entero para dar amor a aquellos seres humanos sin esperanza. No puedo sanarles, no podría devolverles la cordura y apenas puedo resolver sus problemas más básicos; sólo Dios puede hacer un milagro en ellos, tampoco voy por el milagro, pero algo dentro de mí insiste en amarles.

Entonces, en el camino que es un hermoso sendero campestre, de pronto pensé ¿es esto una misión? ¿Puede ser algo tan insignificante, misión de Dios? De inmediato surgió la respuesta afirmativa. Recordé al buen Martín de Porres, el llamado “fray Escoba”, cuya única tarea era barrer el convento y otras labores menores. No sólo las grandes cosas como evangelizar a las tribus africanas o cuidar a los leprosos, hasta adquirir la enfermedad cual Padre Damián, son obras de Dios. También hay pequeñas comisiones. Pensé en un hipotético hombre cuya única obra fue servir un día de lazarillo a una persona ciega. Naturalmente para cada cristiano hay un encargo del Señor, por algo Él nos dota de dones y talentos, para servir a la Iglesia. “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.” (1 Corintios 14:12)

Recordé las palabras de Gabriela Mistral en “El Placer de Servir”: “…no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: Adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña. Aquél es el que critica, éste es el que destruye, sé tú el que sirve.” Y continúa esta poeta cristiana: “El servir no es una faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿Al árbol? ¿A tu amigo? ¿A tu madre?”.

Sí, hay en el mundo hoy día grandes y hermosas obras de Dios. Reconozcámoslo y oremos por ellas y sus siervos. Pero no menospreciemos esas pequeñas y valiosas obras que, a la medida de nuestra fe, podemos realizar cada día por el prójimo, por la Iglesia y para el Señor: apoyar a un hermano en dificultades, orar por un enfermo, dar un buen consejo, escuchar a quien necesite abrir su corazón, dar una ofrenda al pobre, entregar una palabra de aliento al pastor y a su esposa, en fin cumplir la misión para lo cual Dios nos puso en esta tierra: servir. Puesto que los cristianos son “pequeños Cristos” en esta sociedad, nuestra misión es la misma misión de Jesucristo, “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (San Marcos 10:45)

lunes, 29 de marzo de 2010

LAS VIRTUDES DE JESUCRISTO.



“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

JESUCRISTO, el Hijo de Dios, Hombre Perfecto, nuestro Modelo de Vida, presentó en su vida las más excelentes virtudes, entre las que destacan las más preciadas por los cristianos: FE, PAZ, AMOR y ESPERANZA.

Él fue, como hombre, un ejemplo de FE, se sometió a la voluntad del Padre Celestial con completa humildad, sujetándose desde pequeño en obediencia y fidelidad a la autoridad de sus padres. Respetó a las autoridades civiles y religiosas cuanto se lo permitió su propia conciencia guiada por Dios, llegando a declarar: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En su misión o ministerio actuó con plena responsabilidad. Fue un líder honesto. Su fortaleza ante la adversidad quedó en evidencia en su pasión y muerte en la cruz. La templanza fue probada cuando Satanás, durante el ayuno en el desierto, le tentó a comer, a buscar la fama y las riquezas del mundo y a hacer uso de Su Divino poder. Asimismo fue perseverante hasta la muerte en lo que Dios Padre le encargó: salvar a la raza humana. De su fe da cuenta el libro de Hebreos, cuando dice “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; / y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8,9)

Como hijo de Jehová-Shalom fue hombre de PAZ. El profeta Isaías le señala como Príncipe de Paz. Él no pecó, por tanto no necesitaba el perdón de Dios. Muy por el contrario, fue Él mismo quien perdonó a la adúltera diciéndole “Ni yo te condeno; vete y no peques más”; colgado del madero y viendo a la multitud pecadora, oró al Padre “Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Él era libre de pecado y su naturaleza humana estaba plenamente reconciliada con Dios. Su alma estaba sana y libre de traumas, heridas, temores y complejos, como lo están la mayoría de los seres humanos pecadores. Vivía el perdón al prójimo pues comprendía y experimentaba la Gracia de Dios. En todo actuaba con buen juicio, con discernimiento y justicia, como lo atestiguan los Evangelios, podía perdonar al ladrón que mostró arrepentimiento, como la ira Divina con los cambistas del templo.

¡Y qué decir de Su gran AMOR! Esa es la característica principal de Su Persona. Puesto que Él es el resplandor de la gloria del Padre, la imagen misma de Su sustancia, como lo declara la Escritura, y “Dios es Amor”, muy propio es que toda su personalidad, hechos y pensamientos lleven ese sello. Su Evangelio es un mensaje de Amor para la Humanidad. Tenía una profunda relación con el Padre; permanentemente se retiraba para estar con Él. Su devoción a Dios se expresa en oraciones, alabanzas, ayunos, meditaciones y ofrendas. Así como amaba al Padre, también nos amó a nosotros. Ese amor al prójimo fue pleno de paciencia, bondad, humildad, delicadeza, altruismo, serenidad, jovialidad, compasión y magnanimidad. Y jamás dejó de comunicar el amor de Dios a su familia, amigos, pueblo y multitudes que le seguían. Lo hacía con Su testimonio y mediante la evangelización en palabras llenas de sabiduría y misericordia.

En cuanto a la virtud de ESPERANZA, Él la tenía puesta en Su Padre que, cumplida la misión de redención en la cruz, le resucitaría y así podría llevar a la Humanidad creyente por una eternidad a los cielos, a un Reino eterno. Obviamente tenía algo más que los conocimientos básicos del Reino, puesto que estaba premunido de los dones de sabiduría, inteligencia, consejo y conocimiento, según el libro de Isaías (Isaías 11:1-5) y su convicción de liderazgo era absoluta. Él era y es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, Cabeza de la Iglesia y Señor del Universo.

A este Dios-Hombre nos hemos acercado, un Dios que ha vivido y da ejemplo de virtud. Podemos confiar plenamente en Él que nos perdonará, aceptará y amará; que nos transformará a Su imagen y semejanza y nos llevará a Su Reino eterno, si nos arrepentimos de nuestros pecados y disponemos a ser Sus discípulos obedientes. Que el Señor nos ayude. Amén.

Pastor Iván Tapia / Retiro “Las 12 Virtudes Del Discípulo I” / 21 de marzo de 2010.