domingo, 26 de diciembre de 2021

UNA FE VIVA

 



“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.”

Santiago 2:17

 

E

l contexto en que figura este versículo está hablando de alguien que tiene pobreza de ropas y además de alimentos, y un cristiano le dice que vaya en paz, se abrigue y alimente, pero nada le da, sólo una bendición. Mas un buen  deseo es sólo eso, lo que realmente demuestra mi interés en la persona es ayudarle en sus necesidades, apoyarla en lo que le aflige. No podemos ejercer el cristianismo sólo en base a buenas intenciones sino que a acciones concretas. Así se vive el amor verdadero y la fe verdadera. 

Podríamos decir que hay, desde este punto de vista, dos maneras de vivir la fe: una fe teórica, muy ilustrada, intelectual y hasta bella en palabras; y por otro lado, una fe concreta, práctica, que se expresa en acciones, quizás poco adornada con conceptos pero rica en amor, misericordia y bondad. En otras palabras: una fe muerta y una fe viva. 

Un cadáver no tiene vida, no se mueve, no piensa, no siente, evoca a una persona que ya no está. La fe muerta es como ese cadáver: no tiene vida, no se mueve en pos de las necesidades de las personas; no piensa más allá de las doctrinas que tanto le interesan; no siente conmiseración y por tanto no actúa con misericordia; evoca a una persona que ya no está, un Jesús histórico, del pasado y que no vive hoy, aunque declare creer en la resurrección. 

El individuo que está vivo se moviliza, tiene sentimientos, sensibilidad, piensa en distintas direcciones, es creativo, se relaciona con personas y grupos; a veces se equivoca, respira, come, duerme, tiene un aspecto saludable o enfermo, pero continúa vivo; en fin tiene vida y se le nota, además lo demuestra. La fe viva también es así: 

  1. Se moviliza, actúa, quiere poner por obra el Evangelio, busca amar y evangelizar. 
  1. Tiene sentimientos, ama al prójimo y a los hermanos. Cuando oscurece su corazón algún sentimiento de rechazo u odio, reacciona ante él y pide a Dios ser cambiado. 
  1. Demuestra sensibilidad por los desdichados de este mundo, por los que sufren diversos problemas materiales, sociales, psicológicos, espirituales, etc. y quiere resolverlos de algún modo. Procura hacerlo en la acción. Allí nacen los ministerios de misericordia y también los de evangelismo. 
  1.  Piensa en distintas direcciones, porque está viva esa fe; quiere obrar de alguna forma, poner en ejercicio el mandamiento del Señor de predicar, amar, servir, enseñar Su Evangelio. 
  1. Es una fe creativa, no se conforma con los métodos tradicionales o ya probados. No los desprecia, los utiliza, pero también busca nuevas formas de acceder a la gente, porque entiende que el ser humano y sus costumbres van cambiando y se desarrollan en distintas direcciones. 
  1. Es una fe que se relaciona con personas y grupos; no es aislada ni solitaria, busca socios y equipos para tener más influencia en el mundo. Crea ministerios y asociaciones para optimizar la evangelización y avance del mensaje de Jesús. 
  1. La fe viva a veces se equivoca, pero no decae por eso sino que aprende, saca lección y sigue adelante. 
  1. La fe viva respira, es decir que es una fe con oración, tiene vida devocional de relación permanente con Jesús y por eso se mantiene vital. 
  1. La fe viva come, se alimenta de la Palabra de Dios, no como un ejercicio intelectual de acumulación de conocimientos sino para crecer integralmente y tener más herramientas para servir a los necesitados. 
  1. La fe viva a veces duerme, pero sigue consciente. Lo hace para descansar y recibir del Señor sueños reveladores. No duerme en el sentido de la inconsciencia sino que para renovar energías y continuar sirviendo en la obra de Dios. 
  1. La fe viva puede tener un aspecto saludable o enfermo, pero continúa viva. Si es saludable sirve ciento por ciento; si está enferma el Espíritu la sana, la limpia, le da nuevas energías y la levanta para el servicio. 
  1. A la fe viva se le nota la vida porque la demuestra en obras de Amor. 

Jesús siempre nos invita a la vida en todo aspecto, a tener una fe viva, un amor real, una paz auténtica, una esperanza viva, porque en Él está la “vida” (San Juan 1:4). Jesús otorga vida a los que creen en Él y ya no son más “muertos en vida” (San Juan 5:21). Él es un Alimento en Sí mismo y no se refiere exclusivamente al acto de comer el pan en la Santa Cena sino a alimentarse de Sus pensamientos, sentimientos y Espíritu (San Juan 6:35) porque Él es el Pan de Vida (San Juan 6:48) y la Luz de la Vida (San Juan 8:12). Por tanto, como Simón Pedro, decimos: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes Palabras de Vida eterna” (San Juan 6:68). 


Pastor Iván Tapia

pastorivantapia1983@gmail.com

domingo, 19 de diciembre de 2021

PETICIONES EN SU NOMBRE



 

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré,

para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”

San Juan 14:13

 

T

odos tenemos necesidades de todo tipo: necesidades corporales, sociales, psicológicas, laborales, espirituales, etc. A veces no logramos resolverlas ni satisfacerlas y pedimos ayuda a familiares y amigos. Pero no siempre tenemos la confianza para solicitar ayuda o bien somos tímidos y hasta orgullosos. Entonces acudimos a Dios en oración porque sabemos que Él es Todopoderoso y Misericordioso. Puede ayudarnos y además se conduele frente a nuestra incapacidad. 

Cuando queremos realizar un trámite rápido, conseguir un trabajo, resolver un problema en nuestro barrio o lograr algo en forma expedita, vemos si hay algún conocido que trabaje en esa oficina o empresa para que desde adentro nos ayude con nuestra petición. Eso es tener un “contacto” que agilice la respuesta. Lo interesante de nuestra posición como cristianos frente a Dios es que tenemos un Amigo, el mejor “contacto” en el Cielo, que está dispuesto a interceder por nosotros ante el Padre Eterno, es Jesucristo el Señor, el Mediador del Nuevo Pacto, nuestro Abogado. 

Jesús nos prometió “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré”. En el nombre de Jesús tenemos que pensarlo, creerlo de corazón y pronunciarlo, para que sea efectivo. Él cumple Sus promesas. Cuando vamos a un lugar en representación de otro, nos atienden como si fuésemos esa persona y si el otro es alguien importante seremos atendidos con gran respeto y consideración. Si vamos recomendado por alguien de autoridad se nos abren puertas; así mismo sucede con nuestras oraciones de petición, si vamos al Padre en el nombre de Jesús pidiendo algo, el Padre Dios nos atenderá con solicitud. Muy distinto si nuestras oraciones son sólo en nombre nuestro.

Orar “en el nombre de Jesús” es más que una formalidad, es poner en funcionamiento esta Palabra de Jesús. 

Jesucristo, que es el Verbo o Palabra-acción de Dios, lo hará Él mismo, como lo ha prometido: “lo haré”. De ese modo Dios Padre se glorifica en el Hijo. Jesucristo, al realizar Sus obras poderosas, respondiendo a nuestras peticiones, está mostrando en Él la gloria de la Divinidad, demuestra que Él también es Dios. Jesucristo es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, que actúa con tanto poder como el Padre y el Espíritu Santo. Pero estas palabras son también de humildad; Jesús no quiere que se piense que Él es más poderoso que el Padre, por eso dice: “para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Da la gloria al Padre, la tributa a la Primera Persona de la Trinidad. Esta es, además, para nosotros, una lección de humildad de Dios. 

En el versículo siguiente ratifica Su promesa diciendo: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” (San Juan 14:14) Confiemos, entonces, a Su poder nuestras peticiones, sin olvidar ser agradecidos, tener fe y hacer Su voluntad.


Pastor Iván Tapia

pastorivantapia1983@gmail.com

viernes, 29 de enero de 2021

EL AGUA QUE DA VIDA

 



“…Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; / mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” (San Juan 4:13,14)

© Pastor Iván Tapia

 

U
oasis es un paraje en el desierto, pero también un oasis es un paraje donde se encuentra agua. Cuenta la Biblia que, estando Jesús sentado descansando junto al pozo de Jacob, vino una mujer samaritana a sacar agua. Extrañamente Jesús le pidió de beber. Digo que esto era raro por dos motivos. Primero, que un hombre se dirigiera a una mujer y segundo, que un judío le hablara a alguien de Samaria, ya que entre ambos pueblos no se trataban. Judá consideraba a Samaria impura y hereje.  

Los discípulos de Jesús no se encontraban allí, pues habían ido a la ciudad a comprar de comer. San Juan relata esto probablemente porque después la mujer o el Señor contaron lo sucedido en detalle. La misma mujer se sorprendió de la pregunta: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?” entonces el Maestro inicia un diálogo muy especial, en que Él habla en forma velada de asuntos espirituales y ella lo entiende en forma concreta y literal, como muchas veces solemos hacerlo los cristianos. Necesitamos abrir nuestros sentidos internos para comprender el lenguaje de Dios.  

Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” La respuesta de ella fue la lógica en el plano material: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Lo que se ha traducido como “agua viva” es un manantial, pero es indudable que ambos están hablando de cosas diferentes.  

Me impresiona la respuesta de Jesús, pues encierra la clave para la salvación de toda persona, sin importar su nacionalidad o creencia religiosa: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Parece que ella seguía sin entender, pues le dice: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.” Sin embargo es la petición que cada ser humano guarda en su interior para con Dios: Dame de tu agua, para que nunca más mi alma tenga sed.


¿Qué tipo de agua ofrece Jesús a los seres humanos?
 
1.      Jesús no ofrece un agua material.
“13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;” 

El agua natural sacia la sed, pero ésta vuelve a aparecer luego de unas horas. Es como otros alimentos; no basta comer una vez en la vida, se necesita hacerlo permanentemente, cada cierta hora. Lo mismo pasa con el sueño, la respiración y todas las funciones biológicas. Requieren una satisfacción constante. Así hizo Dios nuestro organismo, en una interrelación con otros elementos, sea aire, agua o comida, lo que determina una dependencia de ellos. Los seres humanos dependemos del agua, la luz, la comida, etc. Para poder vivir. “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed” dijo sabiamente Jesús, porque este líquido fundamental para la vida sobre la Tierra debe circular permanentemente por dentro de nosotros.  

Cuando Jesús dice de esta agua está significando que esta no es la única agua existente. Indudablemente el agua da vida ¿Habrá otra agua que también dé vida? ¿Cómo será esa agua? ¿Servirá para saciar la misma sed o habrá otro tipo de sed?  

El Maestro señala que quien toma del agua del pozo volverá a tener sed. ¿Significa esto que hay un agua con un efecto distinto, que sacia la sed definitivamente y para siempre? Pero ¿será para el mismo tipo de sed? Creo que la respuesta podemos encontrarla en el próximo versículo. 

2.      Jesús ofrece un agua espiritual.
“14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás;” 

Jesús, el Maestro de Nazaret, el Hijo de Dios, el Verbo encarnado de Dios, tiene un agua muy especial que sacia por completo la sed del hombre. Cuando uno bebe de esa agua que Él da, ya no vuelve a tener sed. No se trata de alguna bebida material que sacie la sed de líquidos, pues ya sabemos que no existe en esta tierra ningún líquido que quite la sed para siempre. Es necesario aclarar que Jesús está hablando de otra sed, también presente en el ser humano, la sed espiritual. Hay una sed física y también una sed del alma. 

Una de los signos en que se manifiesta la sed física es la sequedad en la lengua y el paladar. El organismo humano necesita del agua, elemento vital, para hacer funcionar. La ciencia nos señala diversas funciones que cumple el agua en nuestro organismo: 

  • El agua compone la mayoría de las células de nuestro cuerpo.
  • El agua es la parte más grande de nuestros sistemas sanguíneo y linfático, transportando alimento y oxígeno a las células y desechando intrusos y desperdicios.
  • El agua limpia nuestros riñones de substancias tóxicas.
  • El agua balancea nuestros electrolitos, que nos ayudan a controlar la presión sanguínea.
  • El agua humedece nuestros ojos, boca y pasajes nasales.
  • El agua mantiene al cuerpo fresco cuando hace calor y aislado cuando hace frío.
  • El agua actúa como un amortiguador para los órganos del cuerpo.
  • El agua provee de los minerales que nuestro cuerpo necesita tales como manganeso, magnesio, cobalto y cobre.
Así como el cuerpo físico requiere de ella para conservarse vivo, también el ser interior del hombre necesita ser regado y alimentado con un “agua” espiritual para poder vivir. De lo contrario se seca, se desnutre, se enferma y muere. ¿No están muchos muertos espiritualmente?  Como dice el Apóstol “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:5) y “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.” (Efesios 5:14) 

¿Cuáles son los signos de la sed espiritual?

1)      Clamor del alma: “1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” (Salmo 42:1)

2)      Necesidad de estar con Dios: “2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” (Salmo 42:2)

3)      Abatimiento y confusión interior: “5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí?” (Salmo 42:5)

4)      Sensación de vacío interior: “7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.” (Salmo 42:7) El abismo de nuestro vacío y soledad interior llama al abismo insondable del amor de Dios. 

Jesús nos dice “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” ¿En qué consiste esa agua que Él puede darnos a beber? Lo podemos descubrir en la segunda parte de este verso. 

3.      Jesús ofrece el agua de la vida eterna.
“…sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”  

Para comprender e interpretar correctamente este texto, es preciso leer el siguiente pasaje de San Juan, en que él mismo explica las palabras del Maestro:  

“37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. / 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (San Juan 7:37-39) 

El agua, en el Evangelio de San Juan, representa principalmente al Espíritu Santo. 

1)      “sino que el agua que yo le daré” Esta agua es un elemento vital que da Jesucristo. Él nos otorga Su Espíritu, el cual produce a nivel espiritual similares efectos al del agua natural: a) riega, b) da vida, c) sacia la sed, d) refresca el alma, e) limpia, f) alimenta. 

2)      “será en él una fuente de agua” El agua que da el Señor no es un agua estancada sino que un manantial, agua viva que brota de dentro del ser. Recibir el Espíritu Santo, o sea ser bautizados en Él, es tener a Dios en nosotros, la misma Fuente de la vida, como dice Jesús: “…El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (San Juan 14:23) 

3)      “que salte para vida eterna.” El agua divina salta eternamente en nuestro interior. Ese Espíritu que Dios pone dentro de nosotros es el que contiene la vida eterna, la vida sobrenatural. La vida del cuerpo es “bio”, vida biológica; la del espíritu es “zoe” 

En el Oasis, que es Jesús, hallamos el agua de vida, como Él lo señaló a la mujer junto al pozo. Jesús ofrece a cada ser humano en esta Tierra, el agua de la vida eterna, que es el Espíritu Santo. Como Padre, Dios es generoso. Dice el Evangelio “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (San Lucas 11:13) Todos requerimos del Espíritu para alcanzar la vida eterna con Dios. De modo que busquemos con dedicación y perseverancia esa “agua que salta para vida eterna” 


CONCLUSIÓN.
El agua que ofrece Jesús a los seres humanos: 

1)      No es un agua material. Ésta sacia la sed, pero luego de unas horas la persona está de nuevo sedienta. Jesús habla de otra agua, cuya característica es quitar la sed para eternidad. 

2)      Es un agua espiritual. Él está hablando de otra sed, también presente en el ser humano, la sed espiritual. Hay una sed física y también una sed del alma. La ciencia señala numerosas utilidades que cumple el agua en nuestro organismo y así como el cuerpo físico requiere de agua para conservarse vivo, también el ser interior del hombre necesita ser regado y alimentado con un “agua” espiritual para poder vivir. De lo contrario se seca, se desnutre, se enferma y muere. Hay varios signos de sed espiritual: a) Clamor del alma; b) Necesidad de estar con Dios; c) Abatimiento y confusión interior; d) Sensación de vacío interior. 

3)      Es el Espíritu Santo. El agua representa al Espíritu Santo. Jesús nos otorga Su Espíritu que: a) riega, b) da vida, c) sacia la sed, d) refresca el alma, e) limpia, f) alimenta. Ser bautizados en el Espíritu Santo es tener la misma Fuente de la vida en nosotros. Ese Espíritu contiene la vida eterna y sobrenatural del espíritu. 


PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Cuándo comenzó usted a ser consciente de tener sed de Dios?
2)      ¿Ha sufrido carencias prolongadas de agua física en su vida?
3)      ¿Por qué Jesús utilizó el símil del agua para referirse a la necesidad espiritual de las personas?
4)      ¿En  qué consiste el agua que Dios tiene para saciar nuestra sed?
5)      ¿Cuál carencia es mayor actualmente en la Tierra, la sed física o la sed del alma?
6)      ¿Qué podemos hacer en el aspecto social por las personas que no tienen agua?
7)      ¿En qué consiste la muerte espiritual? 
8)      ¿Cuál de los signos de sed espiritual puede usted detectar en la gente actual?
1)      ¿Cree usted poseer el Espíritu Santo? ¿En qué basa su respuesta?