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domingo, 19 de diciembre de 2021

PETICIONES EN SU NOMBRE



 

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré,

para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”

San Juan 14:13

 

T

odos tenemos necesidades de todo tipo: necesidades corporales, sociales, psicológicas, laborales, espirituales, etc. A veces no logramos resolverlas ni satisfacerlas y pedimos ayuda a familiares y amigos. Pero no siempre tenemos la confianza para solicitar ayuda o bien somos tímidos y hasta orgullosos. Entonces acudimos a Dios en oración porque sabemos que Él es Todopoderoso y Misericordioso. Puede ayudarnos y además se conduele frente a nuestra incapacidad. 

Cuando queremos realizar un trámite rápido, conseguir un trabajo, resolver un problema en nuestro barrio o lograr algo en forma expedita, vemos si hay algún conocido que trabaje en esa oficina o empresa para que desde adentro nos ayude con nuestra petición. Eso es tener un “contacto” que agilice la respuesta. Lo interesante de nuestra posición como cristianos frente a Dios es que tenemos un Amigo, el mejor “contacto” en el Cielo, que está dispuesto a interceder por nosotros ante el Padre Eterno, es Jesucristo el Señor, el Mediador del Nuevo Pacto, nuestro Abogado. 

Jesús nos prometió “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré”. En el nombre de Jesús tenemos que pensarlo, creerlo de corazón y pronunciarlo, para que sea efectivo. Él cumple Sus promesas. Cuando vamos a un lugar en representación de otro, nos atienden como si fuésemos esa persona y si el otro es alguien importante seremos atendidos con gran respeto y consideración. Si vamos recomendado por alguien de autoridad se nos abren puertas; así mismo sucede con nuestras oraciones de petición, si vamos al Padre en el nombre de Jesús pidiendo algo, el Padre Dios nos atenderá con solicitud. Muy distinto si nuestras oraciones son sólo en nombre nuestro.

Orar “en el nombre de Jesús” es más que una formalidad, es poner en funcionamiento esta Palabra de Jesús. 

Jesucristo, que es el Verbo o Palabra-acción de Dios, lo hará Él mismo, como lo ha prometido: “lo haré”. De ese modo Dios Padre se glorifica en el Hijo. Jesucristo, al realizar Sus obras poderosas, respondiendo a nuestras peticiones, está mostrando en Él la gloria de la Divinidad, demuestra que Él también es Dios. Jesucristo es el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, que actúa con tanto poder como el Padre y el Espíritu Santo. Pero estas palabras son también de humildad; Jesús no quiere que se piense que Él es más poderoso que el Padre, por eso dice: “para que el Padre sea glorificado en el Hijo”. Da la gloria al Padre, la tributa a la Primera Persona de la Trinidad. Esta es, además, para nosotros, una lección de humildad de Dios. 

En el versículo siguiente ratifica Su promesa diciendo: “Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” (San Juan 14:14) Confiemos, entonces, a Su poder nuestras peticiones, sin olvidar ser agradecidos, tener fe y hacer Su voluntad.


Pastor Iván Tapia

pastorivantapia1983@gmail.com

lunes, 27 de marzo de 2017

ORACIÓN DIARIA


 

 

“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.” (Salmos 55:17)
 

E
stas palabras forman parte de la plegaria que eleva el rey David a Dios, pidiendo la destrucción de sus enemigos traicioneros. Dice que con furor lo persiguen y que llega a sentir tanto miedo que quisiera volar lejos, como una paloma. Sólo ve maldad, corrupción y violencia en la ciudad. Su propia sangre le persigue y quiere matarlo. Mas él confía plenamente en Dios pues sabe que si echa sobre el Señor su carga, Él le sostendrá. Confía en Dios que “No dejará para siempre caído al justo” (Salmos 55:22)  

A pesar de la fe de este rey en Jehová, su Dios; a pesar de sus riquezas, magnificencia y poder; a pesar de disfrutar del amor de sus esposas y concubinas; de sus triunfos en batallas; a pesar de sus dones artísticos como salmista, poeta y músico; en fin a pesar de todas las bendiciones que le dio el Señor, también tuvo su cuota de sufrimiento, ya producto de la disciplina que Dios quería darle, ya de su propia desobediencia y pecado. Fue cruelmente perseguido a muerte en su juventud por el envidioso rey Saúl; y ya mayor fue odiado por su propio hijo, Absalón, quien muere en forma trágica. 

Como David, todo ser humano se verá en la vida enfrentado a situaciones de conflicto y dolor. Y también, como él, podemos confiar en Dios y echar sobre Él nuestras cargas. La fórmula es muy sencilla, tener un breve encuentro personal con Jesús cada día en tres momentos: por la mañana, al mediodía y por la tarde. La promesa de la Palabra de Dios es que Dios oirá nuestra oración. 

Le invito a hacer suyo este versículo y ponerlo en práctica desde ahora:
 
“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.”

 

jueves, 9 de junio de 2016

POR EL MÁS EXCELENTE DON.


 

 

Padre Santo:

Te doy gracias por tus dones

pero ¿de qué servirán

si no tengo el más excelente

que es tu amor?

Por eso te pido:

Desarrolla en mi persona

el amoroso carácter de Cristo.

Que sepa soportar con paciencia toda circunstancia

y siempre ejercer la bondad con mi prójimo.

Quita de mi alma envidia, vanidad y orgullo

y dame un corazón humilde.

Que jamás sea grosero sino de trato delicado.

Líbrame de ser egoísta y sea mi bandera el altruismo.

Dame un carácter sereno y jovial.

Que no me alegre de la injusticia

sino de la verdad

Lleno de compasión hacia el que sufre

y capaz de enfrentar todo

con grandeza de ánimo,

con magnanimidad.

Así, el amor de Cristo gobierne mi corazón

y toda mi persona sea llena de Dios.

Amén.

 

(1 Corintios 12:30 / 13:4-7)